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Relaciones

3 Consejos Para Solucionar Problemas De Pareja

Los problemas de pareja siempre terminan en una discusión: gritos, llanto, el uno lanza la puerta, el otro se marcha de casa, toman distancia, etcétera. En otras ocasiones se comete el error de no discutir en lo absoluto, pero incluso para ello uno de los dos tendría que ceder, lo que llevaría a que en algún punto terminen haciendo explosión.

No es que digamos que lo correcto es lo dicho previamente, pero, guardarse las cosas para evitar problemas solo hará que salgan a flote más adelante y con más fuerza de lo que podrían en el mismo momento en el que surgen. El tiempo hace que se acumule y de pronto la cosa más mínima es la gota que derrama el vaso de agua.

Indudablemente sabemos que allá afuera hay todo tipo de relaciones; por ejemplo, aquellas donde nunca discuten o las que se manejan con un culpable constante al que no le importa serlo. No obstante, para poder aproximarnos a lo que podría ser tu caso, necesitamos evitar precisamente a esas parejas que saben funcionar, porque en ellos no se necesita encontrar soluciones, de alguna forma ya lo tienen todo resuelto.

Aunque de una forma general, te presentaremos a continuación una serie de consejos que podrían ayudarte a sobrevivir a esos problemas de pareja.

¿Cómo solucionar problemas de parejas?: 3 consejos necesarios

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  1. Piensa antes lo que vas a responder

Cuando las discusiones comienzan, nos lanzamos a responder sin pensar en las consecuencias o el contexto. Esto lleva solo a más problemas entre ambos: cada quien defenderá su posición, incluso si no ha cavilado sobre ella o si realmente es la correcta, eso no parece importar, el interés no es el «¿quién está en lo correcto?», sino «¿quién gana la discusión?».

¿Cuánto se está dispuesto a sacrificar a cambio del orgullo? Lo que puede iniciar como algo insignificante se transformará rápidamente en una pelea muchísimo peor por ese pequeño sentimiento trepador, y está bien si no te importa la relación, pero es de asumirse que sí o de lo contrario para qué permanecer en ella.

La forma inteligente de actuar es: primero tomar distancia, y luego meditar cómo puedes lograr que el otro se crea vencedor sin darle la razón. Podría parecer una táctica un tanto vil, sin embargo, solo es una forma de paz donde ambos ganan.

Una discusión con un final que deje disconforme a uno de los lados parecerá nada en el momento que todo se resuelve, incluso si la incomodidad y malestar se hayan extendido por algunos días (lo cual es un poco alarmante), eventualmente todo regresa a su ritmo normal y queda en el olvido. El problema surgirá cuando los años hayan pasado y la relación esté en el peor de los estados, entonces todos esos pequeños errores harán un gran monstruo que destruirá todo lo que hayan construido hasta el momento.

Las discusiones forman heridas invisibles que deben ser tratadas. Para evitarlas se puede tomar una breve distancia, lo suficiente para enfriar la cabeza y razonar sobre el problema. Haz que tu pareja haga lo mismo y luego reúnanse en la privacidad de una habitación y hablen sobre lo que han pensado sin enojarse por las opiniones: sean siempre comprensivos aunque no estén de acuerdo.

Si tú actúas así, tu pareja intentará imitarte y eventualmente todo mejorará.

  1. Escucha a tu pareja

Digamos que has pensado bien lo que deseas decirle, supongamos que tomaste el consejo anterior y simplemente le pediste un momento para pensar en el problema y una vez has decidido la mejor manera de actuar la próxima vez que le veas, al escucharle te enojas y continúan la discusión. Esto es posible, cuando tenemos un temperamento difícil de manejar se necesita más que la lectura de un artículo para mejorarlo.

Lo importante de esto es que tengas en cuenta la forma en la que dices las cosas para que este segundo tiempo no termine siendo otra batalla campal. Una forma de lograrlo y que poco a poco se transformará en una terapia para controlar tu temperamento, es no alzar la voz. Cuando uno da ese primer paso, el otro va a imitarle con el tono un poco más alto y así sucesivamente hasta que solo estén aturdidos y sin poder verse las caras.

Los gritos son una forma de agresividad, muchas veces necesaria para desahogar el cúmulo de emociones que sufrimos al discutir, sobre todo a causa de la frustración que crea el hecho de no poder ser entendido. Lamentablemente, con ellos en el medio no podrás hacer más que molestar al otro. Escucha a tu pareja en calma, sin gritos, con mente abierta.

  1. Busca ayuda profesional

Si todo lo anterior no funcionó, si no existe manera alguna de que puedan comunicarse civilizadamente, la mejor alternativa es consultar a un experto o participar en una terapia de parejas.

No lo evites solo por pesimismo, no te des por vencido antes de tiempo. A menos que lo intentes, no podrás saber qué puede salir de esto. Lo último que sucederá es que la situación empeore.

En todo caso, ten cuidado si tu pareja parece reacia a asistir a la terapia de pareja. Si intentas obligarle, puede que entonces sí se den problemas mayores. Ir en contra de su voluntad tampoco permitirá que reciba la mejor ayuda, porque estará a la defensiva y cualquier tratamiento que se intente no hará efecto.

Ambos deben entender que una terapia es, sobre todo, para que alguien los inste a exponer los problemas sobre la mesa, a escucharse mutuamente y después de eso realizarán ejercicios que les ayude a resolver lo que esté causando el problema de raíz.

Quien dirija la terapia será un espectador que no se irá a un lado u otro, su opinión tratará de ser lo más objetiva posible y, en la mayoría de los casos, está instruido en la psicología humana.

Por último, recuerda que sin importar si decides hablarlo por tu parte o hacerlo con una ayuda guiada, lo más importante es escuchar y tratar de resolver el problema.

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